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Burbujas: Vergüenza

 

lunes, 21 de marzo de 2022

Vergüenza

El barman

Esta pega no deja de sorprenderme, es tan aburrida o interesante como uno quiera.

Cuando me ofrecieron venir a trabajar en un bar, mi primera respuesta fue no, pero luego de pensarlo un rato me pareció una idea al menos interesante y sin duda me ayudaría al menos a pagar la universidad y conocer gente.

Al principio estaba motivado porque la paga es buena, pero luego me desilusioné al enfocarme en aquellos desubicados que se pasan de copas. Solo después de un mes de trabajar en esto me di cuenta que la riqueza está en la gente que viene.

Solo cuando aprendí el juego de tratar de leer lo que pasaba por las mentes de aquellos que nos visitaban noche tras noche que esto se puso realmente interesante.

Están los que buscan con quien quedarse esa noche, están los aquellos grupos llenos de bullicio y están también las primeras citas. Estas no dejan de cautivarme, pues es posible presenciar una danza en la que ambos se acercan y alejan a medida que interpretan mejor o peor señales que ninguno de los dos entiende realmente.

Pero los que más me llaman la atención son los casos anómalos, esos difíciles de leer. Un ejemplo de este grupo es el artista que viene en búsqueda de un espacio lleno de energía para así poder abstraerse y vagar libremente por sus pensamientos. También están los casos tristes, esos cuando la cita es únicamente para que uno termine la relación públicamente sabiendo que el otro no hará nada.

Pero mi grupo que favorito, es de aquellos que traen historias incompletas, como cuando alguno de ellos llega lleno de entusiasmo, alegría y expectación y todas esas emociones empiezan gradualmente a desaparecer cuando el otro no llega. Algunos se enfurecen, otros buscan un consuelo en la mesa de al lado, pero hay otros que se sumen en una depresión que es muy difícil de no empatizar.

Las emociones son tan fuertes, tan evidentes que a veces generan un pudor tan grande que incluso se puede transformar en vergüenza ajena.



Vergüenza

El taxista

Esa noche era tan tranquila que había decidido irme a casa temprano, peo afortunadamente una joven me paró para llevarla a un edificio de departamentos del centro.

Manejar de noche es sin duda peligroso, pero también tiene su encanto. La gente no anda tan apurada, las calles están más despejadas, y las luces de la ciudad crean un ambiente casi mágico.

Esta chica no dejaba de llamarme la atención, era absolutamente inconsciente del espacio que ocupaba ni del impacto que dejaba cuando pasaba. Prueba de ello es que nunca se percató al par de chicos que quedaron embobados mirándola a ella y por supuesto a su minifalda.

Cuando se subió al auto lo primero que hizo fue tirar sus cosas en los asientos y luego mirar su teléfono hablando con ella misma.

Al parecer estaba muy motivada, porque irradiaba alegría y entusiasmo, y no dejaba de decir expresiones como: ¡finalmente! ¡qué bueno que se atrevió! ¡espero que le vaya super bien!

Luego de un rato su silencio me llamó la atención pero me di cuenta que era solo que estaba mirando su celular. Los chicos de hoy no despegan la cabeza de esos aparatos.

Al rato la cosa se puso incómoda. Ella empezó a hablar como si argumentara con ella misma, y a la vez como que cambiaba de opinión a cada rato.

En un momento me pidió de tenerme para devolvernos, pero luego se arrepintió y seguimos, pero ella ya estaba entre alterada y nerviosa.

Cuando llegamos me llamó la atención que se bajara muy rápido dejando casi la mitad de sus cosas en el auto. Yo me quedé un rato pensativo reflexionando acerca de como una joven era capaz de cambiar de estado anímico tan rápido y exponer tan libremente sus emociones, eso es algo que en mi época nunca habríamos hecho.


Vergüenza

Amiga

¿Cómo fue que todo escaló tanto?

Cuando se enteró de que su mejor amiga tenía una cita, no pudo alegrarse más. Muchas veces habían conversado de parejas, pero ella siempre era la que hablaba, por lo que suponía que o era muy reservada o tenía poca experiencia.

Como no quería invadir su espacio personal nunca le preguntó, pero siempre supuso que su relativa parquedad espantaba a los hombres.

Lo supo por casualidad cuando la escuchó en el teléfono, y apenas cortó fue a hablar con ella. La notó algo descolocada, nerviosa, como que no estaba segura de lo que había pasado. Finalmente su amiga le sonrió y le comentó que la habían invitado a salir y que el chico era uno realmente atractivo y que siempre le había gustado. Entonces asumió el papel de hada madrina y se comprometió a pasar por su casa para ayudarla a vestirse y maquillarse.

Antes de salir vio Instagram y etiquetando a su amiga escribió un post que decía "suerte amiga, te va a ir fantástico", junto a un enorme corazón.

Durante el trayecto pensó que quizás se había equivocado pues muchos de sus amigos empezaron a preguntar qué pasaba, quién era él, desde cuando se veían, si a ella le gustaba, etc. En general todos muy positivos pero no sabía como su amiga lo interpretaría. No se preocupó mucho, pues no había maldad de parte de nadie, solo sorpresa y ganas de compartir y fue en ese momento cuando se dio cuenta de que a su amiga no le gustaba mucho compartir.

Durante el viaje se empezó a preocupar de que fuera mal interpretada y que toda la atención que había ganado su amiga fuera más de lo que ella soportara.

No fue hasta que su amiga simplemente no le abrió la puerta y no le contestó sus llamadas, que de verdad se dio cuenta de su error y simplemente no sabía que hacer, ni como pedir disculpas, no sabía ni siquiera como enfrentarla.


Vergüenza.

Ella

Ella no pudo soportarlo y después de mucho pensarlo decidió quedarse en casa, no estaba en condiciones de exponerse aún más.

Desde muy joven se reconocía como tímida y con dificultad para hacer amistades. Esto la llevó a ser solitaria y de un círculo íntimo muy reducido, pero siempre pensó que “poco pero bueno” era preferible a “mucho superficial”.

¿Qué es un choque con la realidad sino una gran decepción?
Ella no podía creer que en cinco minutos su concepción de las amistades, la lealtad y la confianza fueran tan cuestionadas e hicieran que se sintiera tan triste, tan abandonada, tan sola.

Que es una amistad si no una oportunidad de abrirse completamente y correr el riesgo consiente de mostrarse tal como uno es. Pero ese instante está tan lleno de satisfacción de y creencia que logra hacer que se superen todos los medios. 

Hoy se cuestionaba porque decidió entrar a Instagram ¡si nunca unca fue fan de las redes sociales! Pero ellos la convencieron, le dijeron que fuera parte del grupo.

Al principio fue excitante. Ver casi en línea lo que hacían sus amigos fue como abrir una ventana luego de que una casa haya estado cerrada todo el invierno.

Nunca entendió realmente eso de lo “me gusta”, pero reconocía que algo extraño se sentía cuando lograba uno. Ese fue el primer indicio de que algo estaba mal, esos pulgares hacia arriba llegaban, pero a goteras.

Resultó que por primera vez se dio cuenta que sus amigos tenían un círculo de relaciones enorme, mucho más grande del que ella había pensado. Ella conformaba una parte muy minúscula de ellos. Ahora entendía mejor los silencios y los códigos difíciles de entender.

Qué dolor darse cuenta de las asimetrías.
Ella habría dado todo por ellos, pero ellos … pero ahora, ahora no lo sabía.


Vergüenza

Él

A él ella le gustaba, pues, aunque tímida, era tremendamente interesante. Sus chistes, sus silencios, su manera de vestir, la manera en que se escondía tras su falta de maquillaje, todo en ella era encantador.

Le costó mucho invitarla a salir. Ella se veía tan selectiva en sus amistades, que la verdad no sabía como reaccionaría a su invitación de salir a tomar algo.

Finalmente se decidió y le mandó un mensaje para preguntarle si quería conversar un rato. Ella le dijo que sí, y luego de un rato de hablar de cosas de las que no se acordaba, la invitó a salir y el silencio que quedó lo preocupó. Cuando estuvo a punto de inventar un chiste para tratar de salir del paso, ella le dijo algo que él no escuchó.
Él le preguntó y ella con un aire que él interpretó como muy seguro y pausado le dijo más fuerte que sí, que sería lindo salir ¿Yessss! pensó él.

Quedaron de juntarse ese mismo día en un lugar más o menos popular. El resto de la tarde fue eterno, solo pensaba en la cita y si ella lo aceptaría tal como es, un chico más bien normal, en ningún caso al nivel de ella, pero que tampoco estaba tan mal.

Calculó exactamente cuanto se demoraría en el viaje al local y prefirió llegar un poco antes a la zona, pero entrar en el local sin mucho adelanto, no quería dar la impresión de estar muy ansioso.

Entró, pidió una mesa y esperó. Cuando vio que no llegaba se preocupó un poco pues ella no era de las que faltaba a su palabra. Pidió una cerveza y le mandó un mensaje por Instagram, pero ella no contestó.

Inevitablemente empezó a repasar mentalmente el día tratando de encontrar cualquier otra cosa que explicara lo que había pasado.

Empezó a ver el entorno y se sintió profundamente observado no solo por la gente en general, sino que literalmente sintió como se transformaba en algo que ocupaba un espacio, un espacio que perfectamente otras parejas podían utilizar.